Agradecida y Cía es gratitud, ilustración y crecimiento personal
Y quizá no tengas claro todavía para qué leches necesitas rellenar un diario y practicar la gratitud .
O sí.
Lo tienes cristalino, pero igualmente pospones el momento una y otra vez.
Y te entiendo perfectamente: cuando yo empecé en yoga, durante los primeros 3 años, al final de cada clase hacía mi ritual de agradecimiento rigurosamente, pero la práctica terminaba al salir de aquella sala…
Sí, agradecía porque tocaba, pero realmente no sentía la necesidad de buscar cada día tres cosas por las que agradecer, la verdad.
Y todo esto tiene una explicación.
Sencilla.
Hay muchísimas cosas que compiten a diario (con una enorme ventaja) por nuestra atención:
Unas ganan porque son realmente importantes y cristalinas.
Otras porque hacen mucho ruido, aunque no lo sean tanto.
Y otras por ambos motivos:
- Si nos duele una muela, vamos al dentista. Fin.
- Si la presbicia llama a nuestra puerta pasados los 40, también sabemos que el oculista nos está esperando.
- Si necesitas un par de zapatillas nuevas, pues ídem.
- Si dejaste un mail «urgente» para más tarde, hasta que no le das a enviar no te quedas tranquila.
Y así con todo lo evidente.
De lo contrario, pararte a mirar tu vida para buscar motivos por los que sentirte agradecida sin una necesidad clara, pues mira chica…, eso puede esperar.
Tremenda pérdida de tiempo, ¿no?
Hasta que un día resulta que sí es más urgente
de lo que parecía
Quizá cuando sientes algo así como que:
– Te cuesta conectar con el disfrute
– Llega el domingo y no recuerdas qué hiciste el martes
– Estás siempre esperando a que llegue lo siguiente
– Terminas el día recordando la caca y te olvidas de lo que te hizo sentir a gusto
– Necesitas que ocurra algo fuera de lo común para sentir que «ha sido un día maravilloso»
– Te das cuenta de que lo normal es ir en piloto automático
– Sientes que has entrado en un bucle de quejas muy poco útil
– Alguien que quieres te cuenta algo mientras sigues pensando en tus problemas
– Te metes en la cama repasando la tarea pendiente y no aquello que ya conseguiste hacer
¿Te suenan de algo?
Tranquila, nos pasa a todas.
Y es que un día vivido deprisa y desconectada no importa demasiado.
Quinientos, sí
Aunque la gratitud no hace magia y tampoco borra nuestros problemas de un tachón.
Su práctica sostenida nos ayuda a ver la vida con un poquito más gustosidad y compasión.
Nos ayuda a coger perspectiva de lo que parece grave y no lo es. También a valorar de nuevo lo que se había convertido en seguro y cotidiano…
Y lo hace de una forma sencilla, sin fuegos artificiales:
– Quizá terminando un martes cualquiera reconociendo el valor de parar y haber disfrutado de tu desayuno
– Descubriendo, después de escribir un rato, qué era realmente eso que te tenía de removida
– No haber dejado que la reunión con la tutora de tu hijo te superara un miércoles
– O llegando al final del viernes dándote cuenta de que hoy te has quejado menos que de costumbre mientras conducías.
Y como todo en esta vida es cuestión de práctica, te traigo una herramienta para que te pongas manos a la obra, sin excusas:
El Diario corto de gratitud

Te espero dentro.
Aquí Elísabet, una agradecida de la vida